31 de mayo de 2008

Coleccionista








Se pone bufanda, guantes, gorro de lana y sale a la calle. Camina y observa a la gente, tomando nota de cada detalle. Lo que visten, lo que hacen, lo que dicen, lo que compran, lo que comen, lo que botan. De qué lado de la calle caminan, si andan con las manos en los bolsillos, si ceden el asiento y hasta si caminan más rápido cuando empieza a llover. Presta atención a las conversaciones de los extraños en la calle y a los que hablan por celular en el metro o en la cola del banco.
Observa y especula acerca de sus vidas, de lo que son y lo que no son, pero sobre todo de lo que quisieron ser. “Cada extraño es un mundo”, piensa, “hay que saber leer los detalles”.

Luego se va a su casa. Compra pan, queso, un paquete de cigarros y una botella de vodka. Escribe durante semanas enteras sin detenerse. Teje hábilmente las situaciones más insospechadas. Cuenta historias, entrelaza personajes, arma y desarma tramas, cruza destinos y rompe sueños.

“Éxito seguro de ventas”, dice su editor. El público más variado se identifica con los personajes y aplaude rabioso cada una de sus obras. Recibe premios y felicitaciones por parte de los críticos, que admiran su talento innato. “Una capacidad inigualable para reflejar la realidad”, comenta la prensa.

Pero él en realidad no cree que nada de eso sea cierto. Lo único que hace es juntar las piezas del rompecabezas. Una vez alguien le robó su vida, y desde entonces se convirtió en un coleccionista obsesivo de vidas ajenas.

26 de mayo de 2008

La niebla de Santiago en invierno




La niebla de Santiago en invierno es como un globo de nieve de cristal, de esos que se agitan para simular una tormenta. Si miras por la ventana, todo es blanco y cincuenta metros más allá, no existe nada.

Cuando caminas por la calle la ciudad va desapareciendo detrás tuyo, y pedazos de otros edificios y calles aparecen frente a tus narices. Es casi como un montaje absurdo, en el que tramoyas invisibles van armando el escenario, a medida que los personajes entran a escena. Como en Truman Show.

La niebla de Santiago en invierno es como Truman Show.

30 de abril de 2008

Aguas


Me carga la lluvia, pero me encanta Santiago recién llovido.
Me encanta el cielo con veinte tonos distintos de blanco y pedazos azul brillante. Me encanta mirar por la ventana y ver Santiago como nuevo, recién lavado.
Me encanta ver a los perros mojados en la calle, sin frío, y a los gatos sentados contemplando el paisaje, como si meditaran sobre algo trascendental. Me encanta el sonido de los pasos amortiguado por una alfombra de hojas secas, pero mojadas.
Me encanta respirar ese aire helado que te cala hasta los pulmones, pero que es el más puro que se puede respirar en mucho tiempo. Me encanta sentir el frío en la cara mientras sacudo el paraguas, y reírme sola si doy un mal paso y voy a parar a un charco, o un conductor inoportuno me empapa con agua sucia.
De verdad me carga la lluvia, pero me encanta Santiago recién llovido.

26 de marzo de 2008

Persecute








A veces se queda en la cama hasta pasado medio día, creyendo que si no se levanta, podría llegar a despistarla. Otras veces se mete a lugares llenos de gente y se para despreocupadamente en una cola que no avanza durante horas, esperando desorientarla. Hay días en que se sube al metro y emprende el viaje más absurdo, por la ruta más larga, segura de que allí no la podrá seguir. Cambia de rumbo una y otra vez. Arma y desarma planes para ver si logra confundirla.

Nada de lo que haga logra ocultarla de sí misma.

21 de marzo de 2008

Papeles sueltos







Luna llena. Viernes santo. Salir a fumarse un cigarro al balcón y en mi cabeza suena One de U2. Too late, tonight… Mirar las luces de la ciudad y escuchar el sonido de los autos en la carretera. Por un momento me parece escuchar el ruido del mar, y las luces que se amontonan allá lejos son las de una bahía. Cerrar los ojos y escuchar el mar. Abrir los ojos y mirar la luna. Escuchar el mar. Pensar en mañana. Pensar en hoy. Pensar en ayer.
Yesterday, all my trouble seemed so far away… Un gato blanco paseando despreocupado por el medio de la calle. Ser un gato y no pensar en nada. Sentarse majestuosamente en el medio de la calle, debajo de un farol. Un auto se acerca y el gato sigue su rumbo sin rumbo. La luz intermitente, las luces de freno, la suave sacudida provocada por la inercia y automáticamente el sonido del freno de mano en mi cabeza.

Volver a la realidad.

Rescate

o "El día que cinco bomberos se metieron a mi pieza".

Esta es una historia real. No le pasó al amigo de un amigo ni la leí en un foro de mitos urbanos. Me pasó ayer en la tarde, mientras revisaba mi correo.

Resulta que en el departamento de al lado viven tres hermanas, señoras de edad, que por algún motivo nunca han decidido sacar una copia de llaves para cada una, y siempre hay que estar escuchando como se pegan al timbre cada vez que salen.

Ayer dos de las hermanas salieron, y cuando volvieron se encontraron con que su hermana no les abría la puerta. Después de casi una hora de tocar, golpear y llamar por teléfono, empezaron a preocuparse seriamente, porque la hermana en cuestión sufre de vértigo y ataques de pánico.
Deseperadas ante la posibilidad de que a su hermana le hubiese pasado algo, decidieron llamar los bomberos para ver si podían entrar a rescatarla.
Los bomberos obviamente llegaron en cosa de minutos, con todas las sirenas correspondientes y, luego de analizar la situación, empezaron a tocar los timbres de los departamentos vecinos para ver la posibilidad de pasarse por una ventana o balcón.
En vista de que la única ventana de mi casa que da hacia la misma calle que el departamento de las viejitas es la mía, entran presurosamente cinco bomberos a mi pieza, atropellándose unos a otros para ver si es posible un rescate desde mi ventana, o si acaso les convendría más bajar desde el departamento de arriba.
Están en eso cuando en el pasillo aparece la tercera hermana -la que se supone que estaba encerrada adentro-, con cara de no entender nada y dice "Fui a dar una vuelta".

Plop!

Las otras dos hermanas pusieron cara de "trágame tierra" y empezaron a deshacerse en disculpas con los bomberos. El que comandaba la operación, absolutamente engrupido le dice "No se preocupe señora, para eso estamos".

10 de marzo de 2008

Aquí se construye


Santiago y sus edificios se están comiendo al Santa Lucía.
Las grúas, retroexcavadoras y taladros avanzan sin tregua sobre él, y lo amenazan con sus departamentos de 1 y 2 dormitorios. Las estatuas del cerro permanecen erguidas, disimulando el pavor que le provocan las bestias de acero y concreto, mientras las parejas revolotean alrededor, buscando cualquier rincón para ocultarse antes de que lo pavimenten. Los gringos turistas no se dan cuenta, y se pasean con cara de despistados. Encuentran todo beautiful y se sacan fotos en el cerro, aunque de fondo sólo haya balcones y letreros que invitan a visitar al piloto.

15 de enero de 2008

Quise ser guitarra





Contigo quise ser guitarra.

Quise que mis curvas se acoplaran con tus brazos y que con tus manos recorrieras mi cuello. Quise que con tus dedos acariciaras mis cuerdas, arrancándome notas profundas que retumbasen por todo mi cuerpo. Quise ser todo para ti, y que tú fueras sólo por mi.

Esa noche, quise ser guitarra.

4 de enero de 2008

La historia de mi vida








- No tengo ninguna intención de quedarme -dijo.

Y se quedó.

28 de diciembre de 2007

La última palabra

Por Gonzalo Andrade








Era una noche como cualquier otra. No tenía sueño y estaba haciendo zapping entre un resumen de la Champions League y un recital viejo de Soda.

Sonó el timbre. ¿Quién podría ser a esta hora? Casi refunfuñando me incorporé y salí de la pieza. Cuando abrí la puerta y la vi ahí parada, sentí que el mundo se me venía abajo.

Ella saludó y entró como si nada. Como si aparecerse en la puerta de mi casa después de 5 meses de no dar señales de vida fuese lo más normal del mundo.

Se sentó en el sillón y sacó un cigarro, lo prendió con toda la calma del mundo. Aspiró una, dos veces. Botó el humo muy despacio, como cuando hablaba de cosas importantes.

Yo estaba parado en frente de ella, sin atinar a nada.

- ¿Qué pasaría si te dijera que tu peor miedo se hizo realidad?

- Ya no me jodas. ¿A qué viniste?

- En serio ¿Cuál es tu peor miedo?

Se quedó mirándome fijo, como si de verdad esperara una respuesta. Yo no sabía que pensar.

- No tengo tiempo para jugar contigo Valeria. No me interesa escucharte. Quiero que te vayas. Ya tuve suficiente.

No dijo nada. Se quedó ahí, fumando, mientras me miraba de arriba abajo, como si me analizara. Como registrando cada uno de mis movimientos.

Quería que se fuera. Que desapareciera de mi vida de una vez por todas.


- Nunca me tomaste demasiado en serio, Víctor.


¿Demasiado en serio? ¿Nunca la tomé demasiado en serio? Apreté los puños y traté de mantener la calma, de no pensar en todas sus mentiras y en todo el daño que me había hecho.


- ¿Porqué volviste?


Me miró en silencio, seguramente pensando en algún comentario ácido para responder de la peor manera posible. Le encantaba eso.

De pronto su cara cambió. Apretó lo labios y apagó el cigarro a medio fumar, sus manos tiritaron y de un momento a otro se echó a llorar de la forma más desconsolada que jamás había visto. Sentí que mi rencor se disipaba, me senté a su lado y la abracé.


- Ya tranquila, tranquila, no llores…


Era primera vez que la sentía así de indefensa. Me sentía torpe. Quería cobijarla, protegerla, pero no sabía qué hacer, ni qué decirle.

Poco a poco se fue calmando.

Sequé sus lágrimas y nos quedamos en silencio. Lentamente fui olvidando el tormento que había sido vivir con ella, y recordé cuanto me gustaba tenerla así abrazada, sentir su olor, su respiración, pasar mis dedos por su pelo, por su cuello…

Casi sin darnos cuenta terminamos revolcándonos en el sillón, como en los mejores tiempos.

+ + +


A la mañana siguiente desperté mucho más tarde de lo normal. Valeria estaba en la ducha y en su cartera un celular sonaba estrepitosamente. Sentí que me gritaba desde el baño.


- Víctor, ¿estás despierto?

- Si…

- Contesta porfa


Contesté el teléfono de mala gana.

- Aló
Buenos días, ¿la señorita Valeria Toro?
- No puede contestar ahora, ¿quién es?

- Mire, la estoy llamando par confirmar una hora con el doctor Rodrigo Sánchez, en su consulta de Manuel Montt, ¿tiene lápiz?


Busqué en el caos de su cartera un papel suelto y anoté la dirección y el teléfono que me dictó la mujer desde el otro lado de la línea.

Me quedé un rato mirando al techo, sin saber que hacer. Me debatía entre la culpa, el arrepentimiento y esa profunda incertidumbre que ella siempre me provocaba. Estaba absorto, con la vista fija en las grietas de la pintura, como si allí hubiera algo que me dijera a donde iría a parar todo esto.
De pronto me di cuenta de que aún tenía el papel en la mano y por simple curiosidad lo di vuelta. Era un examen médico.

Paciente: Valeria Toro
Médico solicitante: Rodrigo Sánchez, ginecólogo

VDRL: No reactivo

VIH: Positivo


No podía creerlo. Lo leí una y otra vez, como tratando de que no fuera cierto. Cuando levanté la vista Valeria estaba parada mirándome desde la puerta de la pieza, envuelta en una toalla.


- Anoche me preguntaste porqué había vuelto… - me dijo - Esa es la única razón.

17 de diciembre de 2007

No me arrepiento


No me arrepiento de haberte esperado. No me arrepiento de haberte buscado. No me arrepiento de haberte seguido.

No me arrepiento de tus labios en mi cuello, ni de tus manos bajo mi blusa en los pasillos.

No me arrepiento de elegirte por sobre él. No me arrepiento de creerte ni de defenderte.

No me arrepiento de bailar para ti, en público y en privado.

No me arrepiento de haber preguntado. No me arrepiento de haberme quedado el tiempo que me quedé.

No me arrepiento de nada, mucho menos de haberme ido.

13 de noviembre de 2007

A veces pasa



Esta mañana pensé en tí.

Estaba sentada junto a la ventana y el sol llegaba directo sobre mi vientre descubierto.
Mi piel estaba tibia y se sentía como una caricia.
Me acordé de tus ojos y tus labios, y quise sentir una vez más tu lengua metiéndose en mi ombligo...


...pero después lo pensé mejor.

29 de octubre de 2007

Segura


- No me mires con esa cara. No me voy a arrepentir.
- Lo mismo dijiste la última vez.

- Si lo sé, pero esta vez es diferente.
- Diferente por qué?
- Porque no hay nada que me haga cambiar de opinión.

- Nada?

- Nada


Sacó las llaves de su bolsillo y las dejó sobre la mesa. Dio media vuelta y caminó hacia la puerta.
Antes de salir me miró por última vez.


- Estás segura?


No lo estaba, pero no tenía opción.


- Si, estoy segura – dije, y procuré no llorar mientras se iba.

16 de octubre de 2007

Eran pardos





Eran pardos y me miraban con descaro desde el otro lado de la habitación, entre medio de toda la gente. Durante toda la noche se fueron acercando con disimulo, hasta encontrarse (casualmente, dijiste) de frente con los míos.

Eran pardos y a la mañana siguiente fue lo primero que vi cuando desperté. Me miraban en silencio y me sonrieron.

Eran pardos y durante meses me siguieron a donde fuera, me buscaron entre la gente y me esperaron con impaciencia en todas las esquinas.

Eran pardos y tan profundos que lograron convencerme de que no podía pasar más de un día sin mirarlos.

Eran pardos y cuando dije que me iba no pude mirarlos de frente.

Eran pardos y sentí que lloraban.

Eran pardos y no pasa un solo día sin que me acuerde de ellos.

10 de octubre de 2007

Circunstancias








Era tarde y ya todos se habían ido. Unas cuantas botellas y cajetillas vacías daban cuenta de lo que había sido el departamento durante la tarde.
Salí de la cocina y alcancé a escuchar la voz del dueño de casa:

- Van a tener que dormir apretados, porque no tengo más frazadas… Pero no creo que les moleste.

Él respondió “No te preocupes”. Yo solo le sonreí.

30 de agosto de 2007

Delirio II








La estela de una estrella que cayó con el otoño,
mientras el manto de la noche me cubría entre tus brazos.

El eco de tu risa y el brillo de tus ojos
alumbrando mi camino en un trozo de cristal.

Un retazo de nubes perdido en el cielo
que palidece y centellea a la luz de la luna.

El susurro del viento soplando entre tus manos
con el ir y venir de la espuma del mar.

Una hoja amarilla, seca y migradora
que se deja arrastrar por el murmullo del agua,
para llegar a formar parte de un banco de coral
y encontrarse allí con seres irreales
que acompañan tu delirio al dibujar sobre mi piel...

...dibujar la estrella caída en otoño,
tu risa con tus ojos envueltos en cristal,
la luna reflejada en las nubes perdidas,
el viento entre tus manos y la espuma de mar.


A ti... o al que eras.


PD: No busque Delirio I; no lo encontrará

2 de agosto de 2007

La fuente








Paseando con unos amigos por las calles de una ciudad desconocida nos topamos con una fuente, igual a las que salen en las películas.


No pude resistir la tentación, así que busqué una moneda y pedí un deseo.
La fuente me devolvió la moneda.


Entre mi cara de asombro y las burlas de mis amigos, una señora que alimentaba palomas me indicó un letrero.
“SÓLO SE ACEPTA MONEDA LOCAL”.

29 de julio de 2007

La otra









Ema ya no quiere vivir entre cuatro paredes, siguiendo las mismas rutinas desde hace diez años.

Ema está cansada de ver las mismas caras y escuchar las mismas respuestas día tras día.

Ema quiere salir, recorrer el mundo, olvidarse de los compromisos y de la monotonía absurda en que vive.


Ana ya no se emociona como antes por vivir el aquí y el ahora, sin saber qué va a pasar al día siguiente.

Ana está cansada de vagar sin rumbo fijo y sin nada a qué aferrarse.

Ana quiere la seguridad de un hogar y un marido que la espere en casa todas las noches.


Ema está aburrida de vivir pendiente de las tareas de sus hijos, preparar comida para todos, planchar la ropa y coser los calcetines de Antonio.

Ema está cansada de que nadie sea capaz de hacer las cosas por si mismo y la necesiten para todo.

Ana se siente vacía cada vez que repara en que no necesita preocuparse por nadie más que sí misma.

Ana quiere sentirse querida y protegida, pero sobre todo necesitada por alguien.

Ema odia llamar a su madre dos veces por semana, pero lo hace para evitarse los malos ratos y sus eternos reclamos de abandono.


A Ana le gustaría tener el valor para llamar a su madre, aunque sea una vez, sólo para volver a escuchar su voz.


A Ema le gustaría ser la otra hermana. La que no se menciona frente a los padres. La que hace quince años tuvo la osadía de fugarse en tren con un trotamundos.


A Ana también le gustaría ser la otra hermana. La que hace quince años tuvo miedo de arrepentirse y decidió quedarse en la estación mientras el tren se alejaba.

26 de julio de 2007

Lucky








Hoy iba con mi madre en el metro, y entre esos enroques de pasajeros cuando se avecina una estación, me vi repentinamente rodeada de 3 sujetos de apariencia sospechosa.
Alcancé a escuchar a mi madre que me dijo "Ten cuidado", cuando sentí que alguien hurgaba en mi bolsillo trasero (donde tenía el carnet y la bip), rápidamente me di vuelta y miré de frente al tipo, que retiró su mano y puso su mejor cara de "yo no fui".

En eso llegamos a la siguiente estación y aproveché el nuevo intercambio de gentes para volver junto a mi madre, que me dice (muy sabia ella) "Y tu celular?". El celular lo llevaba en el bolsillo delantero, opuesto al del carnet, y cuando fui a revisarme, ya no estaba. Obvio, la mano en el bolsillo había sido una vil distracción mientras me lo quitaban.
"Puta la wea" dije "me lo quitaron". Pero conservé la calma. Un caballero detrás mío me preguntó que pasaba. "Ahí adelante están robando. Me quitaron el celular", le respondí lo más fuerte y claro que pude.

"Llámame", le dije a mi mamá, y mientras ella sacaba su teléfono para llamarme, me puse al lado de los tipos que andaban cartereando, todo con movimientos muy notorios y hablando lo más fuerte que podía. Al parecer estos sujetos no están acostumbrados a que la gente meta bulla, o reaccione frente a ellos, porque se miraron medio complicados y repentinamente tenían mi celular en la mano. "No sé" escuché que uno decía "a lo mejor es de la señorita", y con su mejor cara de mosca muerta (que era harto mala) el zopenco me mira y me pregunta "Es suyo?".

Lo único que atiné a hacer fue quitarle el teléfono y decirle "Imbécil".

A la estación siguiente se bajaron.

Y yo me quede con mi telefono :D.




Nota al pie:
En el carro íbamos casi puras mujeres, una de ellas dijo:
"...pero si ellos son 3 y nosotros somos muchos mas, ¿porqué no les pegamos?".
El tipo que andaba con ella no pareció escucharla...
weon mula.

15 de julio de 2007

Invitados especiales


Hace un par de días estábamos en casa de Camilo, jugando cadáver exquisito, y salieron unos cuantos resultados que realmente me gustaría compartir.
Para aquel que no haya querido leer la explicación, básicamente hay que tener en cuenta que cada vez que hay un punto, el renglón siguiente fue escrito por una persona que no sabía lo que había escrito antes.

Enjoy.








- - -

Aldrin.

Viene desde muy lejos, tan lejos que casi no puede recordarlo.

Viene con una quena y un timbal, para un concierto de “Son Andino”.

Nosotros, los amigos de la vida, lo recibimos con alegría.

Y no lo pueden creer.

- - -

Un vendedor de seguros con abrigo gris y mirada perdida, se acerca.

Viene desde muy lejos, tan lejos que casi no puede recordarlo.

Viene con un mensaje para aquel que esté dispuesto a recibirlo.

No parece haber nadie para recibirlo.

Entonces se dan cuenta de que no es el momento ni el lugar.

- - -

Estamos en Plutón.

Viendo la lluvia de meteoritos que destruía la Tierra.

Lo suficiente.

Recordamos el esplendor de una tierra lejana.

Y todo parece desvanecerse.




PD. Volví a fumar.